Busintana, espacio de reconciliación y transmisión de pensamiento, una propuesta para la COP 16



Busintana, espacio de reconciliación y transmisión de pensamiento, una propuesta para la COP 16  



Rafael Gómez Llinás.
Presidente Fundación Narayana. Ponente del documento Busintana  


Mamo Menjabin, Luis Guillermo Izquierdo.
Regente del Jardín Botánico de Busintana y de la Kankurua de Arumuke.




El Jardín Botánico de Busintana es un espacio territorial de 4000 hectáreas de la etnia Arhuaca - Busintana, consolidado como propiedad legalmente constituida bajo un  tratado de reserva étnica con el Estado de la República de Colombia, dedicado a la conservación de la naturaleza, la biodiversidad, ciencias tradicionales, saberes ancestrales, transmisión de conocimiento  y clínica de sanación holística, dirigido por el Mamo Arhuaco Menjabin del linaje Busintana, o Mamos aplicados a la Medicina.


“la Madre Seinekún, madre de todos nuestros
Ancestros, nos dio la luz en un comienzo.
Ella es la Madre de todas las razas, madre de  todas las tribus.
Ella es la madre de las lagunas, de los ríos, de los árboles, y de toda clase de cosas.
Ella es la Madre de los cantos y danzas.
La Madre del mundo y de los antiguos hermanos de piedra, de los frutos y de todas las cosas.
Ella es la Madre de los Hermanos Menores, los forasteros.
Madre de los instrumentos de baile, de todos los templos y es la única Madre que tenemos.
Ella sola es la Madre del fuego, del sol y de la vía láctea.
Fue la Madre misma que, al bautizarse, entrego poporo.
Ella es la Madre de la lluvia, la única que tenemos.
La Madre Seinekún, ella sola es la Madre de todas las cosas, ella sola.

Mama Jacinto Garavito, Palomino, 1915.


“Si se enferma el corazón, todo se enferma: por eso la sierra  no se puede talar. 
¿Qué piensa el Hermanito Menor? ¿Por qué no dejan los bosques para que los nietos también puedan gozar? Todo porque falta la plata, pero… ¿cómo vivían los antiguos? Cuando la tala llegue al páramo, todo se va a acabar. El mismo Calase va a mandar una enfermedad para que suframos, así como han sufrido los árboles, secados con sed, muriendo con la tala.
No podemos dejar  que el corazón  se debilite. La Sierra está avisando para que la cuidemos. 


Así decimos nosotros los Mamos”.   

 



El  secreto  de la Montaña Sagrada, una explicación necesaria.


La Sierra  Nevada de Santa Marta es la Montaña cercana al mar más alta del mundo, la que reúne la mayor diversidad ecosistémica de los pisos térmicos en la zona tórrida y el mayor reservorio del caribe. Se eleva desde las praderas submarinas de los acantilados de Cinto y Neguanje hasta las nieves perpetuas y las lagunas de  los Cerros de Gonawindua (Cristóbal Colon) y Arwawico (Simón Bolívar), a través de miles de  riachuelos y  cuentas hidrográficas.

En ella se renueva, cada día, el milagro de la creación.  Desde lo alto fluye el agua fuente de la vida, regando en su camino el fértil suelo de la tierra, alimentando la flora y dando energía a la fauna, hasta llegar a las propias orillas del gran océano donde nacieron y vuelven a nacer las especies. Ella sube luego, con las nubes y el calor que le da el sol (Kakabunkuakukui) hasta el propio lugar de las nieves perpetuas y las lagunas sagradas, para reiniciar el ciclo, nuevamente, en un fluir eterno que mantiene a diario, la naturaleza.

Ella es la madre Seinekún, la Montaña Sagrada  de los cuatro pueblos de la Sierra y de los pueblos que coexistieron  con los Taironas antes de la invasión por los europeos. Ella tiene cuatro caras, piramidales, que forman, en su base, un círculo perfecto, cuya alzada dimensional conforma la porción superior de una esfera formada por trescientos sesenta mil meridianos, los cabellos de plata de la Madre Seinekún, que se levantan de igual número de puntos desde la Línea negra, que delimita el círculo de pensamiento del Corazón del Mundo, la Sierra Nevada. Todo en ella es un reto a la geometría, al lenguaje gráfico, al conocimiento científico de la Civilización Occidental, Eurocéntrica.  

Su relación con las regiones vecinas es otro reto a la Ciencia Occidental: Rodeada por desiertos y sabanas áridas, logra alimentar de agua, y de vida, no solo a sus cientos de cuencas hidrográficas, a sus miles de especies de fauna y flora, sino a una muy diversa y contradictoria población de las  sabanas  y desiertos de los alrededores, en la extensión de los Departamentos de Cesar, Magdalena y Guajira. Aún su  propia condición  actual  es un reto a la sociología  y la ciencia ambiental depredada inmisericordemente durante 500 años, asfixiadas sus culturas originales, exterminadas sus especies y siendo objeto de todas las violencias cruzadas que sufre Colombia, ella sigue viva, virgen y atrayendo la atención y la curiosidad de gentes sencillas, de ciencia y de negocios de todos los rincones del mundo.


¿Cuál es  el misterio de la Montaña Sagrada, la Madre Seinekún  de los Taironas y los cuatro pueblos de la Sierra Nevada?  

La Sierra Nevada de Santa Marta, la Madre Seinekún de los pueblos indígenas es un organismo viviente, cuyos procesos naturales y sociales están interrelacionados entre sí, poblada por una nación ancestral: los Taironas de la época de la conquista, Busintanas, Gueninguekatanas, Serankuatanas, Aruavinkutunas de los tiempos previos a la invasión, Koguis, Wiwas, Arahuacas, y Kankuamos de estos tiempos del siglo XX y el Tercer Milenio,  que ha convertido al estudio, conocimiento, respeto, uso y protección de la exuberancia natural del macizo montañoso en el objeto central de su cultura, tradiciones, su cosmovisión, economía e, incluso, su vida cotidiana. 

Ella, el macizo montañoso, es según su tradición, el “Corazón del Mundo”, el punto original, primario, lugar de partida de todas las energías que circundan no solo de la Sierra Nevada, sino del planeta Tierra. Es el “Corazón del Mundo”, él punto de referencia  desde donde parten los hilos que constituyen el tejido del universo. Y la protección de su equilibrio, que es vital para  evitar la destrucción cataclismica del mundo, es responsabilidad  especial  de las autoridades tradicionales  de los pueblos de la Sierra. Y misión consagrada de todos sus integrantes.

Su concepto del universo es holístico: todo lo que ocurre en pequeño, acontece en lo grande, es una proyección de él y, a su vez, se proyecta sobre el otro. Cuanto ocurre en la Sierra Nevada activa canales de energía y campos de fuerza que inciden sobre el conjunto del planeta y del universo. Ella se proyecta, de esta forma, sobre el todo universal. El hombre y la naturaleza se relacionan, también, de esta forma. Cuando  ocurre en el cuerpo y  mente del hombre que es parte de la naturaleza, del planeta y del universo, se proyecta, también, sobre estos. Mente y Cuerpo individual, son parte de la Mente y el Cuerpo Universal. 

 Un acto de voluntad del pensamiento original, Tikún, creo el universo. Actos sucesivos de voluntad de este pensamiento original de los Padres y Madres del Mundo fueron creando a la Sierra  Nevada, al planeta tierra, a la vida, a los pueblos del macizo montañoso. Actos de voluntad del hombre lo conservan y cuidan: los pagamentos: la cultura del respeto a los valores naturales y la cultura tradicional. Actos de voluntad del hombre pueden, también ser capaces de evitar y corregir los daños, de influir desde cualquiera de sus partes sobre todo  el conjunto.

La Sierra es el lugar clave del planeta Tierra: está conectada con todas sus partes. Cuidarla a ella es, También, cuidar el planeta. Y el ser humano puede y debe intervenir activamente en ese cuidado, conduciéndose con respeto con la Naturaleza Madre. Pero, sobre todo, activando, por medio de los “pagamentos” de los Mamos los campos de energía que une la Sierra Nevada con el planeta y el universo. Esa es la misión que, según su tradición cultural, les fue encomendada por los creadores del mundo.  


Esa misión la han venido cumpliendo ininterrumpidamente desde hace miles de años, desde los orígenes mismos de su cultura  y su civilización. Esa cosmovisión holística les permitió durante siglos, los cinco transcurridos después de la invasión y los diez o quince sobre los cuales hay registro verificable de la presencia de una civilización lítica en las faldas del macizo montañoso.  Estos pueblos lograron desarrollar una cultura avanzada, con estructuras citadinas ambientales (ciudad perdida es apenas uno de sus ejemplos), capaces de sostener a millones de personas sin registrar la existencia de dinámicas de deterioro  o exceso de carga humana sobre la capacidad de sustentabilidad del medio ambiente. 


Aún hoy, a pesar del ecocidio producido por cinco siglos de destrucción sistemática, los pisos térmicos superiores de la Sierra conservan su integridad y allí se forma el refugio de las especies  de fauna y flora  que huyeron de los pisos desbastados. 

La propia fuerza vital de la naturaleza en el macizo construye, en medio de océanos y devastación y desiertos creados por el hombre, microclimas y ecosistemas que conservan  las especies originales.

 Una naturaleza, una “madre de la vida”, tan exuberante y excepcionalmente diversa como la Sierra Nevada de Santa Marta, debía necesariamente, generar de su seno unos pueblos con una cultura superior, basada en la sistematización cultural del conocimiento y la experimentación práctica acerca  de sus especies  y las relaciones  entre ellas. 

Por un camino muy diferente al de la Civilización Occidental Eurocéntrica, los pueblos de la Sierra Nevada mientras el viejo continente se debatía en la barbarie, la ignorancia y el fanatismo religioso anticientífico, construyeron una cosmovisión integral, basada en la sistematización científica del conocimiento empírico que se obtenía de la  interacción con la naturaleza.

Visión integral del mundo que no solo incluía ciencias emanadas de la praxis cotidiana, como la botánica, la geografía, la hidráulica, la arquitectura de viviendas, ciudades, centros de reunión y caminos, la anatomía humana aplicada, sino otras que requerían un grado de abstracción especializado como la observación de los astros, que les hizo poblar de sus propios nombres, personajes y símbolos al firmamento, la geométrica geográfica, indispensable para orientarse en la Sierra, la física básica, la física teórica, incluida la mecánica quántica y su forma peculiar de percibir al universo no exclusivamente a través de la imagen de los sentidos, si no de las vibraciones, campos magnéticos e interrelaciones de los nodos elementales de la materia y la energía.

Tienen ellos, en su tradición y ciencia, una percepción del espacio – tiempo, condensado, circular: El pasado, presente y futuro, son un acontecimiento simultaneo, un campo infinito de todas posibilidades vibracionales y de destino, simbológicamente expresado en la mochila o “Tutu”, tejida mediante aspiros-suspiros a partir de un punto, vacío, nuevo centro del universo.

Usada por los hombres para guardar su Poporo, su Ayo, los cuarzos de la Yátukua, el Caracol para los sonidos ceremoniales; el Tabaco, el Frailejón, las piedras blancas y negras, las  plumas de aves para los pagamentos; las cuentas de colores y algodones para los hilos de las aseguranzas, y, su pensamiento. 

Tejida por las mujeres a partir de un pequeño orificio en todo el centro del fondo, desde el cual se ve claramente como se desenvuelve  en forma concéntrica todo el tramado de ella y se expande desde ese pequeñísimo punto, hueco, sin nada, desde el cual  parte todo el tejido de  la mochila, hilvanada con un solo y único hilo que se anuda en una finísima trama de un solo tiro sin interrupciones ni  remiendos, que se entrelaza más arriba, “manchada”, con los hilos marrones, negros y de otros colores, que hilan y muestran con ideogramas el curso del laberinto sinuoso, geométrico y continuo que recorre toda la mochila  indicándoles el camino y destino de la vida. 

La mochila es un perfecto contenedor que parte de la nada. Del vacío de un minúsculo hueco. De un pequeñísimo punto en el fondo  y principio de sí misma. El desenvolvimiento del tejido de la mochila describe el momento inicial y la posterior expansión en el espacio tiempo del Universo: Su nacimiento y vida. Y tal vez, del momento inicial y posterior de la entrada del  creador, en este caso de la intención de su creadora, a su propia creación.

Al hablar de ella necesariamente hay que recordar, por su semejanza con el inicio del tejido de la mochila, una parte de la explicación del nacimiento del Universo: “En algún instante del pasado, hace unos 13.800 millones de años, la distancia entre galaxias vecinas debió haber sido nula. En otras palabras, todo el universo estaba concentrado en un solo punto de tamaño nulo, como una esfera de radio cero. En aquel instante la densidad del universo y la curvatura del espacio- tiempo debieron de haber sido infinitas, Es el instante que denominamos Big Bang o gran explosión primordial”: Stephen W. Hawkins en su libro “Breve Historia del Tiempo”.  Esa es la explicación del nacimiento del Universo concebida por la física teórica, pero pareciera también ser la descripción de la primera puntada del tejido de la mochila: Del principio  del  tejido de la “Membrana” de una mochila Arhuaca, que se expande en el espacio- tiempo cuando es tejida por las mujeres, madres de la vida, como un contenedor de la idea, elementos ceremoniales, plantas sagradas, objetos valiosos  e ideogramas tejidos en ella que muestran el curso en el espacio -tiempo del destino de la vida de los hermanos mayores y los Mamos, lo mismo como lo es un universo en expansión, recipiente natural de la “energía oscura”, de las galaxias, constelaciones, cúmulos, nebulosas, estrellas, planetas, y de la vida.

 

Modelos recreados de la expansión del Universo en el espacio - tiempo concebidos por la física teórica, que también parecieran las imágenes del tejido de la mochila Arhuaca, fiel reflejo holístico del Universo.

Fuente: “El Universo en una cascara de nuez” de Stephen W. Hawking (Cap. 3, pág. 86)


Sobre esto, resulta necesario registrar la coincidencia entre el concepto del universo de Stephen W. Hawking y la tradición  indígena acerca de la construcción del universo a partir de una serie de aspiros-suspiros, entretejidos, por parte de las dos fuerzas primigenias que construyen el universo y el mundo: Serankua: la energía positiva, el día, la luz, el sol, las piedras blancas, el hombre, y Seukukui: la energía negativa, la noche, las estrellas, las piedras negras, las aguas de los ríos, la mujer, en un proceso ininterrumpido que continua realizándose de manera permanente y que ellos sintetizan en el proceso de tejido de las mochilas o “Tutus”, a partir de un solo punto. Concepto este que supera a Stephen W. Hawking en cuanto a que acá el universo tiene una finalidad y fue resultado de un acto deliberado y consciente de las fuerzas creadoras, y, en consecuencia, es inteligente, está vivo, piensa y sus componentes son sujetos, incluso, de libre albedrío.

Y es allí donde reside el secreto de la montaña sagrada: la cosmovisión de los pueblos indígenas, su cultura, su ciencia, sus vestidos, la geografía, las historias, las leyendas, los recuerdos, las aspiraciones y los sueños están unidos fuertemente a su vida cotidiana. Allí no hay especialización posible, pues el conocimiento científico, la historia de sus pueblos y familias, la información biológica, etc., forman parte de la cultura, la religión, las tradiciones, la simbología y las costumbres. Están siempre presentes, a la vista de todos.

¿Como leer en ese libro abierto que está escrito en la vida de los pueblos indígenas  de la Sierra Nevada?

Solo existe  una sola forma: Conocer los rudimentos de la Ley de origen o constitución original de estas naciones, como también entender nuestro origen y relación de vida y de respeto con Seinekún, la Madre Tierra. Nuestra grande madre.


¿Qué es la “ley de origen”?


La Ley de Origen de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta es el compendio de su saber científico, técnico y consuetudinario, guardado celosamente a través de novecientas noventa y nueve generaciones (según su contabilidad) por sus líderes espirituales, los “Mamos” o Autoridades Tradicionales.

Este saber científico es integral, orgánico, pues sistematiza en una sola cultura de costumbres (Ley de Origen) la cosmovisión, la técnica para el uso y conservación del entorno natural y las normas de convivencia de la vida social, incluidas las relaciones entre las personas y la forma de comportarse  cada día. No existe separación entre su teoría  sobre la formación del mundo, su arquitectura, agricultura y normas de conducta de su vida familiar y extrafamiliar: es una. Ella, la Ley de Origen - Ciencias Tradicionales, llena todo el mundo visible e invisible.


La Ley de Origen es sencilla, consuetudinaria e inmueble. De la misma forma como explica la creación y la historia del mundo, de los animales, las plantas, las personas, las familias y los pueblos, determina la forma como deben ser construidas las viviendas, los centros ceremoniales, orienta la época de la siembra, la cosecha y el descanso, la ruta de las corrientes de agua, el camino de los hombres, la geografía de los lugares, los nombres de los recién nacidos, los colores y texturas del vestido, el tono de los instrumentos musicales, la candencia de los bailes, y hasta la conversación más intrascendente. Es Arte, Ciencia, Cultura, Religión, Historia, Técnica, Norma, Ley, Decreto, Lengua, Sonido y Pensamiento.

Siempre está presente. Cuando un indígena conoce, y conocer es aplicar y practicar, tiene frente a si , en cada momento, la mitología de sus creadores, historia de su pueblo, la ciencia de sus conocimientos, las técnicas a aplicar, las costumbres cotidianas a practicar, el legado de sus estirpes, la relación de los suyos con los animales, las plantas y las cosas, el día y las características de sus alimentos y la forma de practicar su espiritualidad, “ pagamento”,  para sostener no solo el mundo de su entorno cotidiano, si no la permanencia de la humanidad, y la existencia del planeta mismo.

Ella, la Ley de Origen y la vida misma, es sucesivo, eterno creativo y creciente aspirar- expirar, entretejido durante millones de años, que sigue aspirando- expirando, en un creativo proceso de construcción de la vida y la sociedad, por los siglos de los siglos y los milenios de los milenios. El conocimiento y práctica de la ley de origen permitió a millones de personas vivir en las faldas del Macizo Montañoso durante miles de años sin afectar la sostenibilidad natural y destruir el entorno, sino acrecentando, en la medida que crecía  la población humana, la capacidad de carga de los ecosistemas. Hoy, seria comparable a poseer un saber técnico, científico y cultural que permitiera colocar tres veces  la población entera de la ciudad de Santa Marta en  las laderas de la Sierra Nevada, sin que el entorno natural sufra ninguna clase de deterioro, al contrario, aumentando su riqueza con la actividad humana. 

Antes de la invasión castellana hace 500 años, era abiertamente practicada por las comunidades de la Civilización Indígena, sin restricciones de ninguna clase. Durante un siglo, los antepasados de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada enfrentaron la guerra Material –Espiritual (aspirar-suspirar) de la cruzada castellana, una vez abriéndose a la colaboración (aspirar), otras resistiendo con fiereza (suspirar) a los invasores. 

Los cronistas de indias son excesivamente prolijos, detallistas, en registrar la forma como el lado castellano del conflicto veía el proceso de exterminio  de estos pueblos. El fin de la “Guerra Tayrona” en 1598, significo, aparentemente, el paso de esta cultura a la noche de los tiempos.

Sin embargo, como el mundo de la Sierra Nevada estaba entretejido con la cultura  y tradición de los pueblos que la habitaban, las expediciones punitivas no tuvieron éxito total y los pueblos indígenas lograron sobrevivir. Sierra  adentro, donde no alcanzaban a llegar  ni la espada, ni la cruz, y la Madre Seinekún, la Montaña Sagrada, cuidaba a sus hijos primogénitos.

¿Como lo hicieron? Un  viejo aforismo de los ancianos de la Sierra Nevada recomienda a los jóvenes “aprender a subir y bajar la Sierra”, es decir, conocer sus caminos, integrarse a la naturaleza, ser lo menos notorio posible. Eso solo puede practicarse cuando se conoce el entorno, cuando la Ley de Origen está presente en la mente, en todo momento.

Aprendieron a “subir y bajar la Sierra”, en silencio. A partir de los últimos años del siglo XVI, al finalizar aquella que los Cronistas de indias denominan como  la “última guerra Tayrona”, los pueblos indígenas de la Sierra Nevada desaparecen casi por completo de los registros históricos, limitándose a algunas referencias en materia de los reportes de curas doctrineros, misiones capuchinas o estadísticas  de bautizos y una que otra rebelión frustrada.


¿Qué sucedió con la “¿Ley de Origen”, el saber científico de los pueblos de la Sierra Nevada?


La espada y la cruz parecían haber vencido a las orgullosas naciones de la Sierra Nevada, sus ciudades líticas  habían sido abandonadas, sus ancianos dispersos, sus jóvenes exterminados, la tradición perdida, los nombres cambiados, los valores entretocados, la historia acomodada en un etnocidio cultural ligado a un genocidio físico, que buscaba la asimilación y sometimiento de estos pueblos por la vía de su integración a los valores, símbolos, cultura, religión. estructura económica y de poder de la invasión castellana y la posterior dominación  republicana.

Los pueblos de la Sierra Nevada parecían haber pasado a la silenciosa noche de los tiempos, sin dejar más testimonios ni huellas que las crónicas sesgadas de curas y doctrineros asustadizos que veían al “demonio”, al anti- paradigma de la cultura castellana y republicana, en cada manifestación de identidad cultural indígena, de autonomía personal y de libre albedrío individual.

Sin embargo, bajo la superficie, el mundo de la Civilización Indígena se encontraba en plena ebullición. La Ley de Origen y las Ciencias Tradicionales se ocultaron bajo la tradición oral de los ancianos y Mamos. Los centros ceremoniales y las prácticas tradicionales continuaron aplicándose y transmitiéndose de generación en generación. Los vestidos y técnicas tradicionales de agricultura, arquitectura, botánica e hidráulica fueron perseguidos, y casi exterminados de la memoria de estas naciones, pero, aun así, toda la fuerza de las normas y el poder de la Espada y la Cruz no fue capaz de desarraigar de la memoria de estos pueblos los códigos secretos de su cultura, su tradición y ciencia ancestral.

Obligados a colocarse nombres y apellidos castellanos, continuaron conservando sus nombres ocultos en una poética expresión de sabiduría y con los cuales honraban a sus héroes, lideres, ancestros y valores. Perseguidos por las enfermedades que importaron los Castellanos, siguieron curándose con sus remedios tradicionales.

Hostilizados por el ojo vigilante del misionero o el castigo de las autoridades “Bonachi” (No indígenas), las claves de la Ley de Origen y  las Ciencias  Tradicionales seguían vivas y hasta a la vista de todos, en los símbolos ideográficos dibujados en el tejido de las mochilas: la Tutú, como un mensaje del destino y de la vida que va directo a la consciencia; en el campo holístico cerrado de concentración de energías del universo representado por sus gorros: el Tutusoma que confina y concentra esas energías en la cabeza de los  Mamos, los Hermanos Mayores; en los colores de sus indumentarias tradicionales; en el sentido binario de su cosmogonía;  en la forma como organizaban su agricultura, construcción y orientación de sus centros ceremoniales y viviendas.

Ningún pueblo, ni siquiera la India unida de Gandhi-ji, conoció un proceso tan largo y fuerte de resistencia cultural  a la imposición de las costumbres y las leyes del conquistador. En los albores del siglo XX, los pueblos de la Sierra regresan súbitamente a los registros históricos, con las epopeyas de la resistencia IKA a los adoctrinamientos de la Misión Capuchina en    Nabusimake. Resistencia que duró casi un siglo hasta cuando, hace cincuenta años, ellos recuperaron su control  convirtiéndola en un Centro de Educación donde se imparte su cultura y ciencia tradicional, en la lengua propia.

Ese proceso se inició con la primera Asamblea de Mamos de Saberes de 1893 en Bongá ladera norte, y dio origen a un renacimiento cultural, recuperación de valores y territorios que se ha prolongado durante más de cien años en medio de enfrentamientos, retrocesos, agresiones contra los pueblos, incomprensión de las autoridades no indígenas, procesos de despojo, desarraigo y destrucción de valores. Proceso este en el cual están venciendo, obviamente, los más antiguos: los hermanos Mayores o pueblos indígenas de la Sierra, a fuerza de enfrentar la agresión e invasión con una sola arma: El orgullo cultural. 

Así lograron conquistas importantes en reconocimiento de la afirmación de la preeminencia de la justicia tradicional y consuetudinaria, educación en lengua propia, reconocimiento constitucional de sus territorios, derecho este en el cual los pueblos de la Sierra fueron pioneros, y que continua aun hoy en el reconocimiento de sus sitios sagrados, la ampliación del territorio histórico, y sobre todo, la intangibilidad de su cultura y ciencia tradicional; de su herencia de sangre y pensamiento, su memoria genética.  

Sin embargo, al abrirse el tercer milenio, se ha iniciado un proceso diferente, a partir de una segunda Asamblea de Mamos realizada en el “Jardín Botánico de Busintana”, actual epicentro cultural y de sucesos de la Sierra Nevada, a mediados del año Occidental de 2003, y más de quinientos años después de las primeras navegaciones de los europeos en las costas de la Montaña Sagrada.


¿Cuál es el mensaje del Encuentro de Saberes en el año del Nuevo Amanecer en el “Jardín Botánico de Busintana”?  

Durante esta asamblea, las Autoridades Tradicionales de los pueblos de la Sierra Nevada con presencia de todos los Mamos de sus cuatro etnias, lanzaron un llamamiento a la humanidad para convocarla a detenerse en el camino de la destrucción, odio y violencia  en el cual avanza hacia su destrucción  y la del planeta entero.

Dicha Asamblea, la primera que se realiza en cien años con tan variada, completa y sabia integración, propone a la humanidad corregir el camino e iniciar, a partir de un respeto a la vida, a la Tierra Madre, Seinekún, a la Sierra Nevada, un nuevo amanecer de la humanidad.

Desde la Sierra, ellos han percibido el proceso de destrucción de la sociedad y de la vida en el planeta causado por las consecuencias sociales, ambientales y climáticas de la civilización global construida, fundamentalmente, en el siglo XX, pero fundada en los procesos de las centurias anteriores. 

La otra civilización, la no-indígena, ha perturbado, ocupado y destruido muchos de los trescientos sesenta mil puntos desde los cuales parten hasta los límites de la Línea Negra, los meridianos de energía y fuerza que conforman el Circulo de Pensamiento del Corazón del  Mundo, la Sierra Nevada, elevada por la triangulación piramidal de su orografía. 

La perturbación de esos “lugares sagrados”, afecta las relaciones de la Sierra Nevada en su conjunto y de ella con el resto del mundo, pues es su Corazón. Si los hilos que conforman la trama de energía del Corazón del Mundo andan mal, deducen los Mamos en su cosmovisión, se avecinan tiempos de enfermedades, de catástrofes, de cataclismos y, posiblemente, de muerte del propio cuerpo vivo del planeta. Conclusión a la cual ha llegado, por otra vía, un sector consciente y avanzado de la ciencia eurocéntrica.

De acuerdo con los vaticinios de los Mamos, la profanación de estos sitios sagrados será la causa de que continúen las guerras, enfermedades y la muerte de los seres vivos. Se acentuaran los desequilibrios ambientales, con el consiguiente  daño que esto representa para el delicado y enfermo sistema ecológico de la región y del planeta. Peor aún, se desequilibrarán los climas con extremos de frio y calor. En particular, millones de personas y otros seres vivos morirán de calor. Pierden su tiempo los que buscan la solución de las enfermedades solamente en la patología humana. Mientras no encontremos la curación de la Madre Tierra no se curará el hombre.

La conclusión a la que llegan los Mamos es que hoy, más que nunca, Seinekún, “la Madre Tierra”, requiere que se alcance la reconciliación, interna y externa, entre el mundo y los pueblos de la Sierra con las actitudes, conductas e intereses de los hermanitos menores. De esta suerte se logrará una unión fructífera y definitiva, una síntesis que, respetando las idiosincrasias y culturas de ambas partes, haga posible la recuperación de la naturaleza, así como la preservación y evolución del conocimiento y espiritualidad de las cuatro etnias que conforman la población  indígena de la Sierra Nevada, ahora de Santa Marta.

 

Una frase de los Mamos en la Asamblea de Mamos y saberes en Busintana, resulta aleccionadora y contundente: “En quinientos tres años de invasión, nos han quemado nuestras hojas, nos han cortado nuestras ramas, nuestro tronco; pero no han tocado nuestras raíces y desde allí brota nuestra fuerza”.


La enfermedad y el remedio

Los Mamos advierten sobre la inminencia de la destrucción de la vida en la Montaña Sagrada y en el conjunto entero del planeta, como resultado de la acción  antrópica de la cultura no- indígena, basada en la sustitución de lo natural por lo artificial, la extracción y saqueo de productos de la naturaleza, antes que su cultivo y cuidado. Esta conducta nos llevara a todos, advierten, a un cataclismo regional y planetario.

Este destino, sin embargo, puede evitarse. Si la civilización no –indígena, si el desordenado “hermanito menor” retorna la senda del respeto por las leyes y códigos ancestrales del cuidado y respeto de la Madre Naturaleza de manera superior a como se respeta a la propia Madre biológica, es posible salvar la Sierra Nevada, y, con ella, el planeta. De la misma forma como a ellos les fue entregada una ley de Origen para la Montaña Sagrada, a los “hermanos menores”, a la civilización no- indígena, también les fueron entregados unos principios, unos valores que aplicar y código de relaciones, su propia Ley de Origen.

 La fuerza de sus raíces es el nuevo alimento que requieren compartir los” hermanos mayores” con la sociedad no indígena. Ellos se manifiestan dispuestos a compartir con la otra civilización, como un aporte para salvar a la vida en la Montaña Sagrada y a la Madre Seinekún, los valores fundamentales de su cultura para que se incorporen a la cosmovisión y a las costumbres de aquella otra civilización. El “hermano menor” entonces sabrá, aprenderá, como debe vivir, comenzando por amar y respetar a la Tierra Madre.

Para llegar a este camino, para aprender la Enseñanza Antigua y Nueva, el “hermanito menor “deberá realizar un acto de humildad espiritual y filosófica: como si  regresase a la infancia, debe comenzar, de nuevo, su aprendizaje. Debe partir de un reconocimiento del resultado de sus errores y manifestarse dispuesto a aprender de la civilización filosóficamente más avanzada, de la misma manera como el alumno se muestra humilde frente al Maestro.

El experimento de transmisión de conocimiento se convierte, de esta manera, en un ejercicio de educación cultural para la civilización no - indígena.

En este ejercicio de educación cultural, como aporte de salvación del planeta, los Mamos no se limitan a diagnosticar la enfermedad, si no que proponen el remedio: la práctica, por parte de los pueblos no – indígenas de los elementos rudimentarios de la Ley de Origen  acerca de la Madre Tierra, la naturaleza, la vida. Difícil desandar completamente el camino de la destrucción que ha llevado a la civilización global a la inminencia de un cataclismo planetario, hoy reconocido por toda la ciencia y el saber eurocéntrico. Nunca el hombre había tenido en sus manos tantos instrumentos de destrucción masiva, tantas posibilidades de borrar, en un solo momento, la vida en todo el planeta, tanto riesgo de destruir, esclavizar y anular la identidad de los demás.

Pero las autoridades de la Sierra Nevada, en un acto de optimismo y esperanza histórica, proponen el remedio: la educación al “ hermano menor”, al no – indígena, en los valores fundamentales del conocimiento tradicional que les permitió construir su civilización previa a la invasión, que logro ocultarse durante cuatro centurias en los desfiladeros de la Sierra Nevada, que vivió un renacimiento cultural durante el último siglo y que, ahora, propone un acto de generosidad con la civilización que le ha agredido e intentado destruir desde hace quinientos años.

La educación del “hermano menor” debe comenzar por la infancia, los tiempos cuando la mente es más fértil para aprendizaje. Ellos han decidido educar al “hermano menor” en los valores originales del saber tan celosamente oculto durante tanto tiempo, contraída esta transmisión de conocimiento a los rudimentos de la cosmovisión, las Leyes de Origen y la historia de los pueblos de la Sierra, lecciones elementales de botánica y la difusión masiva de los valores fundamentales de su cultura para las nuevas generaciones.

Esta propuesta, que es consecuencia de la última Asamblea de Mamos en el Jardín Busintana, se pretende con humildad, contribuir a esa misión que se han impuesto los pueblos de la Sierra: salvar la Montaña Sagrada, la vida en el planeta, incluidos los Hermanos Mayores y Hermanos Menores. 


Después de cinco siglos de Silencio y Tradición, estos pueblos desean que se oiga su  voz. La voz que fue susurro, pensamiento y cultura, que  fue hostilizada, perseguida e intentan exterminar. Y que, ahora, quieren que sea escuchada por la Civilización no-indígena.


Y para finalizar  una pregunta: ¿por qué ahora, no antes, ni después?

Quizá la respuesta a esto está a la vista, como todas las cosas de la civilización de la montaña sagrada. Hace algunas décadas, Mamo Apolinar Izquierdo (Guney Maku Maney Maku) advertía a su pueblo que, de seguir el desorden de la civilización no- indígena, de no seguirse practicando los “pagamentos” que ordenaba la tradición oral, el mundo entraría en franca decadencia. Entonces, “El sol no calentara, sino que quemara, al agua no refrescara, sino que inundara, el viento no acariciara, si no que asolara, y la tierra no será fértil, sino árida y estéril”: Memorias recogidas por el Mamo Menjabin.

Basta mirar las noticias del verano pasado en las tierras frías de Europa y Norteamérica, cuando se incendiaron los bosques y  fallecieron de calor los ancianos, para comprender que el tiempo ha llegado. Ya todos han hablado: los curas, los gobernantes, los políticos, los historiadores, los científicos, los técnicos, los literarios, los artistas, los soldados, los guerreros y hasta los cantautores. Cuando  se acerca el fin de la humanidad y otra se prepara para nacer, a los pueblos de la Sierra Nevada les corresponde el Ako´unu asuya: La última palabra, que será  la primera del alumbramiento de una nueva civilización humana. El Abiti Businchari: Nuevo Amanecer de la humanidad que construirá, el mismo, sus propias palabras. 

Los Mamos enseñan que el tiempo es un círculo, no una línea recta. El pasado, el presente y el futuro están conectados, son UNO solo, y nuestra acción en el presente puede sanar sucesos del pasado, y naturalmente crear un futuro mejor.  

El tiempo concebido por los Mamos, sugiere que se mueve en un ciclo en donde los eventos y experiencias se repiten en un patrón que se caracteriza por su recurrencia: El tiempo transcurre en círculos, sin principio ni final, los sucesos se repiten, todo está conectado y relacionado y no hay un comienzo ni un final. De tal manera que la existencia es eterna, cíclica y la historia y los eventos si no se desvían o se anulan con una clara intencionalidad precausal, siempre se repiten. La  causa y el efecto están interconectados y el momento presente es la única realidad.

Los Mamos también nos enseñan que ese tiempo circular se puede observar en los ciclos naturales: el día, la noche, un nuevo día y las estaciones. En los ciclos de la vida: nacimiento, crecimiento, muerte y renacimiento. En los patrones históricos: épocas de expansión, contracción, desaparición y posterior surgimiento de civilizaciones enteras. O como en aquellos Manvantaras y Pralayas, esos inconmensurables ciclos Védicos de nacimiento, expansión, contracción, destrucción y renacimiento siempre del Universo en un nuevo Manvantara de la creación.

Siendo así, la reconciliación con esa intencionalidad precausal propuesta por los Mamos desde Busintana, Sierra Nevada de Santa Marta, el “Corazón del Mundo”, seguramente recompondrá en ese tiempo UNICO, resentimientos y daños por acciones del pasado incluida la distorsión histórica y la devastación ocasionada por la invasión Castellana, como también los estragos descontrolados infringidos a la naturaleza y la Biosfera del planeta en el presente, para que, en un nuevo amanecer, en esa repetición cíclica de ese tiempo circular, hechos dolorosos y destructivos como esos no vuelvan a ocurrir y podamos sobrevivir todos como especie humana y para siempre, en el destino de Seinekún, la madre Tierra.

                                 

Modelo tridimensional de ese Tiempo Circular. 
Fuente: “Brevísima Historia del Tiempo” (cap. 5, pág. 36): Stephen W. Hawking.


“¿Qué es el tiempo?  ¿Es una corriente que fluye sin parar y se lleva nuestros sueños? ¿O es como una vía de ferrocarril?  Quizás tenga bucles y ramificaciones, y se pueda seguir avanzando y, aun así, regresar a alguna estación anterior”:  Stephen W. Hawking.    

Fuente: “El Universo en una Cascara de Nuez” de (Cap. 2, pág. 31)


La antigua profecía proferida por el Mamo Serankua hace ya más de medio siglo en el "ritual de los cinco días" en la oscuridad sobrecogedora de la Kankurua de Makuoro en las alturas de Nabusimake como respuesta al interrogante de la posible extinción de la raza humana, hablaba con fuerza que de ninguna manera esta sería como consecuencia de la devastadora conflagración nuclear esperada, en una época en que la civilización era peligrosamente atravesada por la enorme tensión de la guerra fría, sino a manos del irrespeto del  "hermanito menor" a la madre Seinekún en un momento como ese en que ni siquiera esto era remotamente considerado por el desconocimiento todavía del cambio climático. 

Aún la palabra de esa profecía ronda viva en ese tiempo circular concebido por los Mamos, y resuena desde siempre una y otra vez en el hilo recurrente de una y otra vida ante nuestros ojos del presente, acompañada por la esperanza del remedio propuesto desde esa lejanía del pasado por el Mamo Serankua: “Solamente la unión, la síntesis, como fundamento de una gran reconciliación entre el conocimiento ancestral de los “hermanos mayores” y el gran refinamiento de la energía logrado por los “hermanos menores”  transformado en ciencia y tecnología, podrá crear esa única vía de salvación posible de la raza humana, para permanecer por siempre en el tiempo y destino de Seinekún, la Madre Tierra”.

Es hora ya de asumir ese bálsamo de reconciliación propuesto por los Mamos  Busintanas  de la Sierra Nevada de Santa Marta, antes de que sea demasiado tarde y el llamado  punto de NO retorno de esa extinción nos consuma a todos sin remedio posible, y, para siempre. 

Sanar sucesos y acontecimientos en el presente, hará que sanen también en el pasado, tiempo que a su vez es el presente de un futuro, que no es sino el pasado de ese mismo presente. Todo se repite, pero también todo puede cambiar simultáneamente en todos los tiempos. Y para siempre.  


Bueno, hasta que haya otro cambio. Quizás.



Rafael Gómez Llinás.

Ponente del documento: “Busintana, un espacio de reconciliación y transmisión de pensamiento” 




Mamo Menjabin, Luis Guillermo Izquierdo.

Regente del Jardín Botánico de Busintana y de la Kankurua de Arumuke.



Busintana, Sierra Nevada de Santa Marta, octubre del  2024. 

 


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